Treinta y uno de julio de dos mil ocho

Treinta y uno de julio de dos mil ocho,
la gente comenta que aprieta el calor.
Y sin embargo, yo me muero de frío
en este momento en que parte tu avión.

De vuelta a casa me detengo un momento
en nuestra querida Pièce d’eau des Suisses.
Allí hacia al fondo me saluda el castillo
y estoy ya muy cerca del Parque Balbi.

No puedo creer que ya te hayas ido
que aburrido será Versalles sin ti

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